Hidroterapia

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En su Constitución, la Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud como “un estado de bienestar completo físico, mental y social y no solamente la ausencia de enfermedades”. El hecho de incluir el concepto de bienestar en la definición de salud refleja un creciente interés por la evolución de la salud pública que va más allá de la terapia en sentido estricto, dirigiéndose hacia todas las opciones posibles que puedan conseguir el bienestar personal. El estrés cotidiano, debido al frenesí de la vida, impulsa inevitablemente al individuo a buscar la paz interior. Se podría decir que quien quiere mejorar su calidad de vida debe estar en armonía consigo mismo y con el mundo que lo rodea. Numerosos estudios han demostrado que la actividad física ayuda a nivel psicológico, eliminando el estrés. Cuando está sometido a fatiga muscular, el cuerpo produce sustancias que dan lugar a procesos de bienestar tanto a nivel físico como mental.

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También concederse el tiempo para el cuidado personal tomando un baño caliente mejora ulteriormente el estado psicofísico. En realidad tomar el baño en agua caliente es una de las prácticas más antiguas que el hombre utiliza para relajarse y alcanzar el bienestar psicofísico. Sin embargo, para resultar “útil” la inmersión debe cumplir algunos principios generales, aunque es posible variar la modalidad de aplicación (duración, temperatura, etc.) en función del tipo de agua utilizada (termal o menos) y de cómo se realiza. Hay una verdadera técnica, denominada balneoterapia, que ofrece un sinfín de posibilidades entre las cuales el hidromasaje, o sea el masaje efectuado con chorros de agua que sale a determinadas presiones.

Desde los tiempos del griego Hipócrates (el padre de la medicina), entre los Romanos, en la Edad Media y hasta la actualidad, se ha ido utilizando el agua en su forma más sencilla (“Aqua, omnium rerum vilissima”, escribía Livio, refiriéndose a la Roma antigua: el agua, lo más humilde que exista, llegó a esta ciudad): tanto para uso hidropínico (bebida) como en los baños ha sido prescrita para el alivio o la curación de las más distintas enfermedades, sobre todo las crónicas. Entre éstas cabe recordar: las afecciones de la piel y de los tejidos blandos, la dificultad en el aparato digestivo o de asimilación, la gota, los reumatismos, la dispepsia, los trastornos hepáticos.

En casi todos los países el uso de los baños fue dejando sus huellas desde tiempos inmemorables. En la antigüedad, entre los Egipcios, los Judíos, los Griegos y los Romanos, el uso del agua en los rituales religiosos más importantes ha desarrollado un papel fundamental para la limpieza del cuerpo y simbolícamente del alma. Con cualquier clima y latitud se relatan hechos de hombres que depositaron su fe en el poder curativo de las aguas naturales para liberarse de sus trastornos físicos y espirituales, purificando cuerpo y alma. El mismo bautismo, acto purificador de la tradición judía y cristiana, se efectúa con agua.

En la Edad Media en Europa se difundieron los baños de vapor rusos (banja), donde el cuarto se calentaba utilizando vapor de agua saturado, y los baños romanos, basados en el empleo de aire caliente y seco. En virtud de sus características específicas estas dos distintas clases de baños convivían, manteniendo sus diferencias.

Gradualmente, en todo el mundo se iban difundiendo estructuras similares a la sauna a las que se atribuían efectos curativos. Por ejemplo, era opinión común de los médicos noruegos que la sauna pudiera prevenir varias enfermedades infecciosas.

S.F. Milligan (1889) describió la difusión en toda Irlanda del uso de los baños irlandeses a fin de curar el reumatismo.

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La difusión de los baños irlandeses en Europa central se debe al empeño del médico irlandés Barter. Este baño se fundamentaba en el uso del vapor de agua en condiciones de baja saturación, sin formación de niebla y con temperatura de 50-55°С en el cuarto de vapor. El enfriamiento se obtenía mediante duchas o abluciones. Actualmente este tipo de baño casi ha desaparecido.

En 1799 el inglés W. Toog, miembro de la Academia Imperial de las Ciencias de San Petersburgo, afirmó que el baño ruso podía prevenir el desarrollo de numerosas patologías, considerando que el bajo porcentaje de enfermedades, la buena salud psicofísica y la larga vida del pueblo ruso se tenían que atribuir a los efectos del baño ruso. 

En algunas tribus africanas usualmente se empleaban los baños de sudor con fines curativos. Los japoneses acostumbraban utilizar el kamaburo, o baño de sudor, obteniendo buenos resultados en la curación de los traumatismos en general, de las patologías cutáneas, de los trastornos gástricos, de la artritis y de los reumatismos. Unos efectos similares se obtenían mediante el ishiburo, que entró en el uso en los últimos 10 siglos. Cerca de Nagasaki se han encontrado las normas dispuestas para el uso de este tipo de baño, entre las cuales están señaladas las contraindicaciones específicas: se prohibía su uso a los sujetos afectados por enfermedades de transmisión sexual, epilepsia, lepra. En el baño, primero se sometían los pacientes al tratamiento de acupuntura, procediendo con sumo cuidado durante los primeros 3 o 4 días. Además se les recomendaba que tomasen un baño cada 10 días. En el baño estaba prohibido comer, beber, hacer ruido, orinar y realizar actos sexuales. El uso del baño consentía mantener la higiene personal, además de resultar útil como profilaxis y también podía obtener un efecto terapéutico sobre 7 enfermedades dermatológicas.

Los esquimales de Alaska se creían que los baños de sudor, además de útiles e higiénicos, también ejercieran su poder curativo sobre varias patologías, entre las cuales las enfermedades musculares.

Las tribus indígenas de América Central utilizaban el temazcal, baño de vapor de los antiguos Mayas, no sólo para fines higiénicos, sino también para curar las enfermedades reumáticas y dermatológicas, además de otras patologías. Los médicos siguen recomendando el uso del temazcal, asociado al empleo de extractos de plantas y otros elementos que liberan sus efectos benéficos durante la evaporación.

Hasta hace poco se utilizaba mucho la palabra "hidrología" (o Hidrología Médica) para indicar las prácticas médicas o terapéuticas que aprovechaban el agua. Sólo recientemente han entrado en el uso común unos términos más apropiados y específicos como hidroterapia, balneología, crenoterapia y talasoterapia (baños de mar), para indicar el empleo del agua, normal o mineral, como remedio para las patologías internas o externas. La hidroterapia consiste, en general, en la aplicación terapéutica del agua sin hacer ninguna distinción sobre su uso, si para beber o para el baño; se habla de balneoterapia o balneología cuando se emplea para los baños. En cambio la talasoterapia consiste en la utilización del agua de mar para el baño.

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